Historia clínica de un paciente terminal

Llevo poco mas de seis meses en una etapa de introspección, analizándome y siento que necesito llegar a una conclusión, pero todavía no se a que clase de conclusión busco llegar, si a la conclusión de una etapa de mi vida, digamos la primera juventud, o si a la conclusión de mi vida laboral tal y como la conozco y dedicarme de lleno al arte, a la literatura, si lo que escribo puede llamarse literatura. Siento la necesidad de abandonar todo aquello que conozco, siento la necesidad de apostarlo todo y jugármela por así decirlo, aunque todo eso tenga un precio muy alto. Por otro lado siento que si aplazo mas ciertas decisiones voy a ir perdiéndome poco a poco hasta olvidar por completo mis pulsaciones, mis latidos y todo aquello que soñé cuando apenas tenia dieciséis años. Sino cambio, si no altero mi rumbo, siento que la vida se encargará de alterar mi existencia, de bajarme el telón, porque eso fue lo que escuché una vez cuando era niña. “Las personas que no tienen un rumbo definido en la vida por lo general se mueren rápido”

La verdad yo no se si las metas que me trace y fui cumpliendo a lo largo de mi vida hayan nacido de mi específicamente o las cosas que he logrado que no son muchas, simplemente fueron sucediendo por cuestiones que escapaban de mis manos o porque otros me las fueron imponiendo indirectamente.

Si tuviera que hablar de las cosas que me han marcado tendría que empezar por la ausencia de mi madre, quien debería haber estado ahí para encaminarme, guiarme y protegerme, pero no estuvo, no está, nunca estará. Entonces concluyo, que la mujer que soy ahora es el resultado de su ausencia. También esta la ausencia de papá, si bien es cierto que los primeros años de mi vida estuvo cerca y fue un padre amoroso y firme a la hora de inculcarnos cosas buenas, estoy convencida de que si el no se hubiera alejado emocional y físicamente en los turbulentos años de mi adolescencia incumpliendo muchas de sus promesas yo seria una mujer distinta.

En resumidas cuentas soy la suma de las decisiones y ausencias de terceros, en este caso de mi familia inmediata, mi familia de siempre a la que todos los que me conocen, conocen, valga la redundancia. También soy la suma de todas las cosas que ignoro sobre mis padres, no tengo detalles exactos de como se conocieron o como se enamoraron, no tengo detalles, ni recuerdos de como les fue en su vida marital. También soy la suma de las cosas que no he perdonado y de las que ellos tampoco supieron perdonar. Por ejemplo la relación de mi papá con su padre biológico, ese señor que nunca estuvo en la foto cuando mi papá era niño y mucho menos estuvo presente en mi vida ni en la vida de mis hermanos. Lo irónico es que el veinticinco por ciento de sus genes corren por nuestras venas, pero solo son datos de laboratorio, lo mas importante se perdió a mitad del camino, suena duro, pero las cosas como son.

Mi abuelo no crió a mi padre, y papá vivió poco tiempo con su madre biológica, entonces papá siendo aun un niño, quedo a cargo al principio de su abuela materna y luego de sus tíos Alejandro y Juanita, que trataron a papá como a uno de sus hijos, sin embargo a pesar de que tuvo una familia prestada, estoy segura y casi puedo afirmar que nunca se sintió parte de ella, porque eso es lo que me pasó a mi cuando quede a cargo de mis abuelos y mis tíos, todos ellos creían que tenían ciertos derechos sobre mis hermanos y yo, y todos se metían a corregirnos a castigarnos o a enseñarnos cosas que no nos preguntaron si queríamos aprender y simplemente nos impusieron. Entonces entiendo que papá también sufrió la ausencia de sus padres, así como yo la sufrí, porque nunca nadie va poder reemplazar a un padre o una madre. Papá no pudo digerir de una manera correcta el abandono de su propio padre y la ausencia de su madre y eso lo llevó sin querer queriendo a convertirse luego, cuando las circunstancias conspiraron, en un padre ausente, o distante, un padre que dejo de estar al cien por ciento cuando se mudó y se desentendió de muchas de sus responsabilidades. Se portó, no tanto, pero si un poco como su padre de manera inconsciente, quizá para tratar de entender o justificar esa herida.

Creo que papá nunca llegó a perdonarle a su padre biológico la vez en la que el llegó a Lima desde el norte a buscarlo a sus dieciocho años, simplemente para conocerlo y decirle: “Mira, soy tu hijo, soy futbolista de una liga menor, necesito tu apoyo, me gustaría que me veas triunfar y que te sientas orgulloso de mi y que podamos ser amigos”. Aunque esa es la parte que yo invento, sin embargo un día conversando con papá del tema, aunque fue muy escueto, pude ir mas allá de sus palabras y entender que cuando busco a su padre, no quería dinero, sino reconocimiento, tal vez un abrazo, un apoyo moral, pero lo único que encontró fue frialdad, cero apoyo, cero reconocimiento, en vez de un abrazo encontró una espalda muy parecida a la suya que no quería voltear a preocuparse aunque sea un poco por el, y eso lo defraudó, le rompió el corazón. Puedo imaginar a ese chico de dieciocho años ilusionado, nervioso, con cierta expectación por conocer a su padre mientras hacia ese viaje de Chiclayo a Lima y luego pasar días buscando, no una dirección, sino una referencia, pues era todo lo que tenia del paradero de su padre, luego de preguntar e indagar en algunos parientes, seguir indagando por las calles vecinas, hasta llegar a la puerta indicada, tocarla con el corazón latiendo a mil, sin saber bien que diablos iba a decir o como se iba presentar, luego al verlo, reconocerse en el, decirle soy tu hijo, no ya un abrazo, tan solo una explicación, o un “perdóname hijo”, pero al abrirse la puerta de esa casa, encontró a un hombre parecido a el físicamente, pero no al padre que buscaba. Y creo que ese día algo se quebró en ese chico de dieciocho años que todavía no era mi padre, pues de lo poco que me contó sobre aquel día, se me quedo gravada una frase recurrente: “Desde ese día supe que no podía contar con el, ni esperar nada…”.

Y es así como ciertas cosas se repiten, se amontonan, se desbordan y pasan de una generación a otra formando ciertos desenlaces, cierto caos, pero alguien tiene que hacerse cargo, alguien tiene que sacarlos a la luz o mejor dicho extirparlos, hacerles una biopsia, encontrar un diagnostico, no para saber porque paso lo que pasó, o porque actuaron como actuaron, sino para saber porque no puede volver a repetirse. Y ahora veo con asombro y claridad que esa es la búsqueda que me corresponde hacer, la tarea que me toca si quiero cortar con ese linaje ausente y fallido, si quiero curar esas ulceras que se esconden en mis miedos que son la razón por las que soy quien soy; la mujer que rehuye a ciertas ataduras sentimentales, la mujer que echa todo a perder cuando algo le esta resultando, cuando la felicidad se le va presentando fácil, y ella no la acepta y la trunca y dice todavía no, todavía no estoy lista, pero sabe que nunca estará lista sino logra deshacerse de esa melancolía, de esos rencores, que son como fantasmas, de esos afectos pendientes, imposibles, que están esperando ser diagnosticados y tratados.

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Sin-vergüenza

Sueldo mínimo a los dieciocho,
jugar Mario Card como demente,
fallar un gol en mi ultimo partido de fútbol,
ir al cine y no ver la película,
entregarle una carta de amor a un imposible.

Que una ola nos revuelque a una amiga y a mi,
irrumpir en una boda, gritar “me opongo” y salir corriendo,
forcejear con una amiga de juego y tirarla al barro sin querer (ups)
pelear con mi abuela porque no me entiende,
pelear con mi abuelo porque no quiero estudiar lo que recomienda.

Gastar el dinero que papá me dio para postular a la San Marcos,
vomitar todos los días durante un año sin que nadie lo sepa,
bajar seis kilos y no poder recuperarlos,
llorar porque no se que hacer con mi vida,
tener que disculparme, tocar el timbre y salir corriendo por cobarde.

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Textos dispersos

El Abandonado

Se abre el telón

Una chica trotamundos se peleo con su unicornio rosado
y lo mandó a volar lejos,
a donde jamas pudieran encontrarse, ni volverse a ver.
El unicornio rosado voló y voló por otros cielos,
conoció un estilista y se tiño el pelaje de turquesa.
Por otro lado la chica trotamundos estaba resuelta
a encontrar un nuevo unicornio con quien trotar por el mundo.
Fue así como conoció al unicornio turquesa,
lo hallo perdido y sin rumbo; le dijo:

– “Eres hermoso y perfecto, ¿Quien se atrevió a abandonarte?; el unicornio contestó:
– “Kin si trivio abindinarte?” Sigue leyendo “Textos dispersos”

Cerrando ciclos

Sabes que has cerrado un ciclo cuando tienes menos pesados los hombros, mas ligero el animo y mas tranquilo el espíritu. Yo he cerrado ciclos muchas veces, al principio con dolor, porque duele desacostumbrarse a algunas cosas; lugares, personas y espacios determinados de tiempo, que sumados conforman un ciclo, pero luego con la practica te acostumbras y cerrar ciclos se vuelve necesario, algo que si no haces con cierta frecuencia te vuelve un ser aburrido y predecible. Todos sabemos que la rutina termina por descomponer o estropear aquello que alguna vez nos hizo sentir plenos y felices, es por eso que todos necesitamos cerrar ciclos, desechar lo que ya no sirve y dejar espacio para algo nuevo, algo fresco.

Un nuevo horario, un nuevo habito, un nuevo trayecto, una nueva mentalidad. Renunciar a relaciones toxicas o que no edifican también es parte del proceso. Siempre he pensado que las personas que aparecen en la vida de uno y se quedan por un espacio determinado de tiempo para luego irse, se fueron o los dejamos ir porque ya nos enseñaron lo que necesitábamos aprender, asimilamos esas lecciones de vida y ahora urge tomar otro rumbo para aprender cosas nuevas.

Recuerdo que por varios años Sigue leyendo “Cerrando ciclos”

De esta semana no paso

Desde hace catorce días estoy batallando con una alergia terrible que se convirtió en  ahogamiento de un día para otro. Fui al medico tan pronto como pude y el diagnostico fue: Principio de asma. Yo nunca he sufrido de asma, quizá de niña una vez me quiso dar, pero no paso a mayores. Es curioso que a estas alturas de la vida venga el asma a tocarme la puerta, a querer adherirse a mi, a invadirme y acompañarme en este jaleo al que llamo vida. Para completarla, me dio faringitis y mi voz se puso ronca desde hace once días aproximadamente, quizá producto de la alergia o de la tos, no lo sé. El problema con la faringitis es que no puedo hablar mucho, ni mucho menos cantar. Y un día sin echarme una gritada coreando una canción de moda en las escaleras de mi casa es un día desperdiciado. Sigue leyendo “De esta semana no paso”

Un mito

Necesito leer algo de ti,
un recuerdo, un escrito
una dedicatoria al comienzo de un libro
una frase detrás de una foto
busco pero no encuentro nada.

No soporto la apatía de tu ausencia,
me siento mas huérfana
por no poder recordarte como yo quisiera.
Estoy cansada de imaginarte en vida
y que Sigue leyendo “Un mito”

Luciana

Son las doce del día, y por ordenes del director toda la secundaria ha salido del colegio  temprano. Entonces Luciana me propone ir a jugar fulbito de mano a un centro comercial que queda por ahí cerca y acepto el reto. Me encanta jugar el fulbito de mano porque es la emulación de un partido de fútbol y aunque no sea la misma cosa me llena de emoción y lo juego de un modo hilarante, semi profesional. Antes de empezar el juego miro fijamente a Luciana y pongo algunas reglas; que no se valen las mariposas, ni inclinar la mesa usando los mangos. Luciana acepta y ya en medio del juego y a cada falla de gol se le escapan algunas maldiciones, también dice palabras que no existen y nos reímos a carcajadas de lo mal o lo curioso que suenan, luego yo incumplo mis propias reglas inclinando la mesa con el mango para sacar una pelota que se ha trabado en una esquina, Luciana no se pica, solo se ríe y esa es una de las cosas que mas me agradan de ella, que todo le da igual, que no se hace problemas por tonterías.

De un momento a otro

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Que no te gane la pena

Entro a mi cuarto y siento que hay algo muerto pero no se que es, probablemente se haya metido una rata o un pericote a pasar sus últimas horas allí. Maldición y lo peor de todo es que no esta a la vista, solo puedo sentir el hedor que ha invadido mi espacio más privado. Remuevo las cosas, la mesa de noche, el escritorio, reviso debajo de la cama, no hay nada. Si algo he odiado toda mi vida es buscar objetos perdidos y no solo objetos, sino también gente que se me ha ido perdiendo por alguna que otra absurda razón,

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Una pasión escondida

De niña me gustaba jugar fútbol, pero no me gustaba tanto verlo en la tele. Entre jugar un partido y verlo, prefiero jugarlo. Cada partido que jugué con mis hermanos y mis primos en la puerta de mi casa, en la loza deportiva del barrio o en el techo de mi casa me hizo sentir increíble. Jugar fútbol es increíble, llevarte una pelota corriendo media cancha evadiendo al rival es increíble, meter un gol de costado es increíble. Si no me cree Sigue leyendo “Una pasión escondida”

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