Quince

El quince de enero viajé a Piscobamba, Huaraz.
Quince kilos pesaba mi mochila de mano.
Quince horas duró el viaje.

Me tomo quince horas mas, aclimatarme.
Me quede allí quince días.
Comí quince tipos de dulces y golosinas.

Me sentí tan libre y sin estrés,
como cuando tenia quince.
Hice quince nuevos amigos.

Aprendí a bañarme, cambiarme y maquillarme en quince minutos.
A tener conversaciones de quince minutos.
A que me caiga bien una persona en quince minutos.

Prender leña en quince minutos.
Lavar ropa en quince minutos.
Tener siestas de quince minutos.

A escuchar a alguien durante quince minutos
A meditar en quince minutos.
A replantearme la vida en quince minutos.

Ver como hacían para dormir quince hombres en un cuarto.
Escuchar quince correazos provenientes de aquel cuarto.
Aprender quince chistes o frases nuevas cada día.

Colgar quince prendas en un cordel de metro y medio.
Retirar las prendas y volverlas a colocar, cada quince minutos,
debido a la incipiente lluvia.

Ensuciarme las botas en quince minutos de caminata.
Que tu prima se hunda en un charco y no poder sacarla de ahí durante quince minutos.
Que la saquen del charco sin botas.

Detenerse cada quince pasos subiendo una colina, por falta de costumbre
a andar en la altura.

Llegar a una casa, tocar una puerta.
Escuchar los problemas de una señora de edad, lugareña.
Permanecer callada por quince segundos, no saber que decir, darme cuenta
que mis problemas a comparación de los de la señora, son nada.

Aguantar el llanto, tomando la mano
y tratando de darle valor a la persona que llora a mi lado.

Hablar de Dios, de la esperanza, que un día desaparecerá, el dolor, el sufrimiento, tratando de consolar y darle animo
a esa señora que tuvo peor suerte que yo.

Por la noche, quince minutos antes de dormir, salir al patio para ver el
cielo estrellado, se ve como escarcha derramada sobre negra tela fina.
Todo un espectáculo. Sentirme pequeña, minúscula, conmovida, ante tanta belleza.

Por la mañana, despertar, asomarme a la ventana, ver el cielo azul, las nubes blancas, esponjosas, quedarme absorta durante quince minutos, contemplando el cielo, pensando en Dios, en la vida, en lo afortunados que somos, unos pocos.

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