Vecinos molestos

Despierto de mal humor, odiando a mis vecinos del frente porque han sacado un parlante gigante y están bailando en la calle bajo la luz de la noche, riendo, conversando, cantando y agitándose con unas canciones de moda que odio y zumban en mi cabeza sin mi consentimiento. No soporto sus voces extraviadas, desafinadas, no soporto sus palabras mal articuladas por el efecto del alcohol, no soporto las lisuras y los alaridos frenéticos de mis vecinos . Son las 2:55 am y al parecer la fiesta va continuar, no puedo dormir, he tratado, pero no puedo, la bulla estruendosa que hacen mis vecinos no me deja conciliar el sueño.

Mi cuarto esta en un tercer piso,

ventana a calle, la bulla es tanta que siento que la fiesta esta en mi cuarto, y yo no quiero estar en esa fiesta ni en ninguna fiesta, lo único que quiero es dormir y me siento invadida por el sonido estruendoso, que, me temo se prolongara hasta el amanecer. No es la primera noche que sufro de esta manera, estoy soportando mas de un año esta tortura inhumana, mis vecinos se reúnen y bailan en la calle por lo menos dos veces a la semana, y el verano pasado llegaron a hacerlo, hasta cuatro veces por semana. Todo esto me parece una barbaridad, un atropello a la tranquilidad del vecindario. Tengo que encontrar la manera de ponerle fin a esta tortura, me digo, decidida a urdir un plan.

3:03 am. Me levanto de la cama y voy al baño, mientras la música sigue sonando a todo volumen haciendo vibrar la puerta de vidrio, las ventanas, e incluso las puertas delgadas de los muebles de melamine. Me pregunto si debo salir por la ventana del cuarto y gritarles que se callen, que metan el parlante a su casa y me dejen dormir, o si debo ser mas calculadora y llamar a serenazgo, darles la dirección de mi vecina y decir que hay una pelea callejera en la puerta de su casa. También se me ocurre algo mas estructurado, peinarme, maquillarme, taparme las ojeras con base, ponerme un jean, una blusa coqueta, luego coger un cooter, esconderlo en mi abdomen, salir de casa, acercarme a saludarlos, fingir que me caen bien, dejar que me inviten un vaso de cerveza, confundirme entre ellos, reírme de sus ocurrencias predecibles y luego sin que nadie sospeche algo abesado de mi, acercarme al parlante, sacar el cooter, desenchufar los cables, cortarlos en pedazos, patear el parlante, dejarlo tirado en el piso, frente a la vista y paciencia de todos, viendo como empiezan a odiarme y me odien tanto como los odio yo en estos momentos por ser tan desconsiderados y vulgares conmigo, con el barrio entero. Sospecho, son varios los vecinos desvelados, que me darían un Oscar por mi actuación o me postularían al premio nobel de la paz.

No soy una mujer abesada, muy por el contrario soy sosegada, odio tener que gritar y pelearme con alguien, hace años que no lo hago y no porque sea una buena persona, sino porque me da flojera, así que no salgo a gritarles a mis vecinos por floja, tampoco llamo a serenazgo por indecisa, y tampoco me arreglo para ir a cortarles los cables y patear el parlante de mis vecinos. Entonces me quedo resignada a estar despierta, en silencio, lamentando mi suerte, la suerte de no tener el coraje, ni la valentía, para alzar el teléfono y llamar a serenazgo.

Salgo del baño y veo que la televisión de la sala esta prendida, echo un vistazo y me doy con la sorpresa de que mi abuela esta despierta, seguramente ofuscada, pero no porque no la deje dormir la bulla de mis vecinos, sino mas bien, porque esta peleada con la tecnología. Las tablets, las computadoras, los celulares y los televisores digitales le muestran opciones que poco entiende, o si las entiende un día, al otro día ya se le olvidó, pero nunca se da por vencida y siempre vuelve a intentarlo hasta que le liga y encuentra la serie coreana que empezó hace una semana atrás y por fin la vuelve a ver, o el videoclip de música Ayacuchana o Jaujina que le traen gratos recuerdos de su niñez.

Le digo a mi abuela que tenemos que hacer algo para detener la fiesta de los vecinos que no me dejan dormir porque estoy harta de andar cayéndome de sueño en el trabajo. Pero mi abuela me dice:

Seguro ya se va acabar, ahorita apagan todo, anda acuéstate y cuenta ovejas, pero concéntrate porque sino, no funciona. La miré incrédula; eso ayuda – continuo – y vas a ver que te duermes rápido.

– Contar ovejas, ¡Es en serio?, contesté – eso es una tontería, hay demasiada bulla, ni contando a todo el reino animal me dormiría.

Bueno ya te dije que es lo que tienes que hacer y si no quieres, no sé, haz lo que quieras – me dijo ; se volteó y siguió mirando la televisión.

Regreso a mi cuarto resignada, respiro hondo, estoy harta, no se que hacer, lo único que sé, es que esa fiesta no se va acabar pronto y yo necesito dormir mis ocho horas completas. Si no duermo mis horas completas, soy una mala persona, reacciono mal ante cualquier provocación y aun si no me provocan, voy por la vida provocando al resto. ¡No se crucen conmigo si no he dormido bien!. Por otro lado, cuando duermo bien, soy un ángel, un pan de dios, me vuelvo altruista, amigable y creo en la paz mundial. Odio tanto que interrumpan mis horas de sueño que cuando voy a dormir me desconecto, apago todo, las luces, los aparatos eléctricos, el celular en modo avión, le quito las pilas al reloj de pared porque hasta el tic tac del minutero me despierta. Las cortinas gruesas no permiten que pase la luz, mi habitación es oscura y esta siempre en penumbras, uso tapones de goma, indispensables para tener silencio absoluto, uso antifaz para que la oscuridad también sea absoluta, no hay nada mejor que la penumbra para dormir. Solo así duermo plácidamente y cuando despierto, después de haber dormido mis ocho horas completas, soy una mujer feliz.

3:55 am. La fiesta continua, estoy sentada y de cuclillas en el suelo, al lado de la ventana de mi cuarto, la misma ventana que casi me cuesta la vida tres veces por ser demasiado alta, el filo o donde empieza la ventana esta a la altura de mis muslos, cuando debería estar a la altura de mi cintura. Es por eso que aun estando de cuclillas en el piso puedo ver como se divierten mis vecinos. Ya están bastante pasados de copas, han quedado pocos, pero la música sigue sonando fuerte, como si estuvieran cincuenta personas, pero han quedado solo seis. Yo me siento una especie de espectadora en las sombras, una espectadora resignada que no sabe que hacer para conciliar el sueño y no le queda mas remedio que mirar a través de la ventana para no aburrirse, porque con tanta bulla no hay muchas cosas que uno pueda hacer, toda la atención la acaparan ellos, lo vecinos fiesteros.

De un momento a otro dos parejas empiezan a besarse, ademas de bailar pegados y emular posiciones eróticas. ¡Lo que faltaba!, pienso. No voy a seguir mirando porque la escena no es nada sexy, muy por el contrario es mórbida y obscena y mas porque advierto que hay un par de niños de entre 8 y 10 años aproximadamente que al principio estaban jugando cerca pero no participando en la fiesta, sin embargo ahora que la situación se ha tornado sexualmente tensa tensa, han dejado de jugar y están mirando lo que hacen las dos parejas jóvenes de entre 20 y 25 años aproximadamente. ¡Ya es el colmo! Me parece demasiado que no tengan el mas mínimo respeto por los niños que están allí mirando sus desenfrenos sexuales. Me pregunto donde estarán los padres de esos niños, me parece que los niños son sobrinos de aquellas mujeres y no entiendo como pueden hacerles eso, dejar que las vean en esa situación. ¿Porque rayos no los mandaron a dormir?, o mejor aun, ¿Porque rayos esos cuatro individuos, tienen que hacer ese tipo de espectáculo en plena vía publica? Me parece una falta de respeto a los niños presentes, entonces como estoy en mode on iracunda por el desvelo y horrorizada por el daño que les están haciendo a esos niños, saco mi celular por la ventana decidida a capturar infraganti a esos sinvergüenzas. Llevare esas pruebas a la comisaria o al MIMP, porque se esta poniendo en riesgo la inocencia de aquellos niños que no tienen la culpa de estar allí o haber nacido en una familia que no tiene un mínimo sentido de decencia. Las fotos salieron con flash y eso hizo que los cuatro individuos libidinosos voltearan asustados y miraran a sus alrededores algo temerosos buscando de donde había salido la luz. Yo también me asusté, y casi se me cae el celular de nervios y porque lo estaba sujetando con una sola mano. La expectativa era tomar esas fotos de modo incógnito, pero no me fije que el flash estaba prendido. Metí la mano rápidamente y no se si me vieron, pero uno de ellos creo que si vio la cortina moverse, porque se quedo mirando a mi ventana, entonces ahora era yo la que temía ser descubierta.

Como es habitual en mi, las noches de verano duermo en calzones, y con un polo delgado, entonces estaba descalza y en ropa interior sentada junto a la ventana. Después de las fotos con flash, los vecinos molestos bajaron por fin el volumen de su música y dieron por terminada la fiesta, al parecer los flashes los intimidaron, por eso decidí que quizá a la mañana siguiente ya no tenga tantas ganas de ir a hacer alguna denuncia contra ellos, pues lo único que importaba ahora era que por fin podía dormir.

Todavía hace calor por las noches, así que mantengo los vidrios abiertos para no morir deshidratada. Contenta por mi triunfo aquella noche, me dije, “Ahora si, vamo a dormir” , (Así hablo con mi yo interior, creo que he consumido muchos memes los últimos años, por eso, vamo, aweee y parfavaaar, son parte de mi vocabulario) y entonces estire los brazos y bostezando me puse de pie mirando a la calle y sonriendo, casi burlándome de mis vecinos libidinosos, porque basto solo un par de flashes para intimidarlos y detener su desenfrenada fiesta, mas no me di cuenta, no recordé que por la tarde había dejado caer un gancho de ropa al suelo y por apurada no lo había recogido y para mi mala suerte al levantarme, pisé el gancho, patine de espaldas hacia la ventana, que dejó al descubierto mi trasero hacia la calle, estuve a punto de caer, pero agité los brazos y a las justas logré sujetarme de las cortinas, mi cuerpo quedo suspendido de espaldas con la cabeza hacia abajo y los pies tratando de atrincherarse en el travesaño. Oí crujir los ganchos de la cortina, me asusté, ahorita se rompe y me saco la Con..ciencia sucia, como dice Marisol la cantante, este es el fin – me dije – moriré cayendo semi desnuda desde el tercer piso de mi casa. Todos pensaran que fue un suicidio, mi familia sentirá vergüenza, pero no por haberme suicidado, sino por no dejar nota, ni explicación alguna, una decepción tremenda.

Sentir la muerte tan cerca, me cambió la vida, me la puso en perspectiva. Por ejemplo; si monto una empresa, pero al poco tiempo me va mal y se jode todo, no importa; ó si saco un carro del año que luego no puedo pagar y me lo quitan por idiota, por no hacer bien los cálculos y pierdo el dinero de las cuotas pagadas, ¡No importa!, ¡No pasa nada, porque podría estar peor!. O si me arriesgo a publicar mi primer libro, pero a nadie le gusta, o nadie lo compra, y fracaso como escritora, ¡No importa!, ¡No pasa nada, porque podría ser peor, podría estar muerta!. Me puede ir mal en la vida, me puedo equivocar, pero mientras haya vida, resurgiré bajo la filosofía del “Podría ser peor, podría estar muerta”.

Estuve varios segundos con medio cuerpo en la calle. No grité, no soy una mujer chillona, no suelo gritar en situaciones tensas, solo maldije e hice algunos ruidos. Los vecinos fiesteros me vieron, gritaron y se espantaron. No se si se espantaron porque pensaron que era un suicidio o porque les dio morbo verme en calzones. Seguramente sacaron sus conclusiones y dedujeron que fui yo la que les tomó esas fotos, así que uno de ellos no perdió la oportunidad y le tomó varias fotos con flash a mi trasero, que no es un trasero ejemplar, pero si es un trasero decente y cuando digo decente, me refiero a que nunca nadie le había sacado fotos, ni yo misma, así que me sentí violentada al darme cuenta de que me habían fotografiado las nalgas, osea iba a morir y mi presunto trasero suicida se volvería famoso.

Escuche crujir la tela de la cortina una vez mas, la crujida parecía definitiva, el jaque, el preludio de la muerte, me quedaba poco tiempo, quizá unos segundos, como mis piernas seguían adentro sujetándose con desesperación del travesaño de la ventana supe que debía intentar regresar a la habitación, trepando sobre la cortina casi rota y no dejarme caer, ahora estaba a merced de la cortina, si se rompía rápido y por completo por los jalones mientras trepaba, yo moriría como presunta suicida, cuando: ¡No señores!, ¡Fíjense que todavía no me quería morir!, pero así es la vida; sin embargo si lograba impulsarme mediante una acrobacia rápida, tipo ninja que nunca había ensayado, quizá yo me golpearía un poco, pero sobreviviría…

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Un comentario sobre “Vecinos molestos

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  1. Muy interesante tu relato: “Vecinos molestos”….te comprendo hija…pero has debido llamar a Serenazgo…por lo mismo que tenían el parlante en la calle…de hecho los iban a obligar a bajar el volumen o a entrar el parlante a su casa….has debido atreverte a algo….no es justo que esta gente abusiva y fiestera no te dejen dormir, cuando sobre todo al día siguiente es día de trabajo…¡si supieras! yo tengo unos vecinos odiosos también….ellos alquilan su casa enorme todos los fines de semana, y vienen a hacer bulla los borrachos, con tremendas carcajadas, y gritería, más encima una música a todo volumen…..es un infierno….y lo peor es que todo esto dura hasta las 5:00 de la madrugada….un día me ligó el ir a hacerles escándalo a través del intercomunicador que tienen en la entrada, y apagaron su música, ya era super tarde, recuerdo…. y al fin pude echarme a dormir, la suerte mía es que no trabajo y puedo darme el lujo de dormir hasta muy tarde….el descanso es lo más importante. Quisiera invitarte cordialmente a visitar mi blog que es de poesías en verso y prosa….quizás algo de mis escritos sea de tu agrado…si es así, déjame algún comentario. Mi blog se llama “Secretos de mi alma”. Un saludo cordial. Ingrid Zetterberg de Lima Perú.

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