Una pasión escondida

De niña me gustaba jugar fútbol, pero no me gustaba tanto verlo en la tele. Entre jugar un partido y verlo, prefiero jugarlo. Cada partido que jugué con mis hermanos y mis primos en la puerta de mi casa, en la loza deportiva del barrio o en el techo de mi casa me hizo sentir increíble. Jugar fútbol es increíble, llevarte una pelota corriendo media cancha evadiendo al rival es increíble, meter un gol de costado es increíble. Si no me cree (y este es un mensaje para quienes no gustan del fútbol en ninguna de sus formas) vaya y juegue un partido y si no sabe, aprenda y vea usted mism@, me va dar la razón.

Mis años en el fútbol se limitaron a la niñez y parte de la pubertad. Aprendí a jugar sin miedo a pesar de que jugaba con mis hermanos y mis primos que se ponían un tanto toscos de cuando en cuando. Si algo aprendí del fútbol de manera inconsciente es que, o bien tienes miedo o bien te haces temer. Entonces aprendí a meter miedo, a plantar bien el balón, a no dejarme intimidar por nadie, aunque fuera mas fuerte que yo. Dominar bien la pelota es un arte y te da seguridad, ayuda a la autoestima. Practicar un deporte ayuda a formar el carácter y a vencer ciertos miedos. Yo era una niña delgada, flaquísima, sin el físico necesario para aguantar un choque o un golpe sin salir volando, pero nunca tuve miedo, siempre confié en que era lo suficientemente hábil como para librar aquellos peligros, tampoco me arriesgaba, por ejemplo nunca salté a cabecear para no correr el riesgo de chocar con alguno de mis hermanos o mis primos que saltaban sin importar nada. Es verdad que me caí y me golpee mas de una vez, pero no recuerdo haber llorado, solo me sobaba y seguía jugando con el nudo en la garganta, a los minutos esa angustia, ese dolor se transformaba en gloria, cuando anotaba un gol.

Esos días entrañables de mi niñez donde jugar fútbol me hacia feliz, y era feliz porque le ganaba en las jugadas a Toño, mi hermano menor y a otro primo de mi edad, y que decir de mis primos menores, me los llevaba fácil, por así decirlo, pero al único que no me podía llevar tan fácilmente era a Jhon, mi hermano mayor, pocas veces pude quitarle una pelota, Jhon me lleva cerca a tres años, era el mayor, por ende mas alto y mas rápido que todos. En la cancha cuando nos enfrentábamos, eramos rivales naturales, porque pocas veces me eligió para su equipo.

En la cancha todos eramos iguales, nadie tenia consideraciones especiales, si había que faulear, faulebamos, si había que fabricar una caída para cobrar un penal se fabricaba la caída. Mi chamba consistía en ser medio campista y aveces delantera, cuando mi hermano Jhon y mi primo chocaban y caían estrepitosamente, entonces era mi oportunidad de adueñarme de la pelota, subir corriendo como punta para darle al arco y meter el ansiado gol.

Ahora ya no juego, hace mucho que deje de hacerlo y por razones estúpidas, desde entonces el fútbol o mas bien jugarlo, se convirtió en una pasión escondida, en algo que por los absurdos estereotipos, y porque no hay con quien, juego a escondidas de vez en cuando y a solas contra una pared. Cada que encuentro la pelota de mis primos en el pasadizo o en el techo, me pongo a hacer dominaditas, o a correr llevándome a un rival imaginario, a patear un pelotazo a la pared como si fuera un arco rival, todo eso cuando nadie me ve.

Me gustaría mucho volver a jugar un partido con gente real, es otra cosa, jugar sola un ratito, me consuela de modo temporal, pero no es lo mismo. Retomaría lo de jugar si tuviera un grupo de amigas que sepa armar una buena pichanga, pero la mayoría no sabe, ni le entraría al fut. Jugar con varones a estas alturas de la vida físicamente hablando es un riesgo, no se si estoy para esos peligros, conforme fui creciendo aprendí a aceptar las diferencias físicas, de niña me liaba cuerpo a cuerpo con mis hermanos y no pasaba nada, pero cuando empecé a reglar, paso que sentí volverme un tanto frágil mientras ellos se volvían cada vez mas fuertes físicamente.  Entonces, la fragilidad de mi cuerpo sumado a lo delgada que soy por naturaleza (por mucho que haga ejercicio y coma demás no logro subir de peso ni engrosar mi contextura física) hacen que me repliegue un poco.

Aveces envidio a Silvana. Silvana es una amiga con figura atlética que conocí en uno de mis paseos turísticos de un mes por el gym. Silvana tiene un físico impresionante, el abdomen marcado, muslos firmes, digamos que todo lo de ella esta firme. Silvana es toda una chica fitness, digamos que el gym si le hizo efecto a ella, aparte de eso come sano y se ejercita continuamente para mantenerse en forma. A diferencia de Silvana, yo no salgo a correr por dormilona, tengo mis dudas sobre si como sano y he dejado el gym por falta de voluntad, por eso nunca seré como ella, ya me resigné. Resulta que hace poco me encontré a Silvana en un café de Centro civico y allí me contó que el fin de semana pasado se jugó un partido con su esposo, cuñados y primos, que lo disfrutó un montón, me lo contó tan emocionada que la envidié un poco. Ella, así como yo, también jugaba al fútbol de niña, era defensa, siempre le gustó ser defensa, porque de niña era recia y eso ayudaba a defender y porque no le gustaba cansarse mucho corriendo y en ese partido que se jugo con la familia de su esposo, ganó su equipo, y lo mas sorprendente es que fue la única mujer en la cancha y se vivió, según me comentó, un ambiente de igualdad. Me alegré por ella, me pareció genial que se haya puesto la camiseta de un sobrino adolescente y se haya jugado un buen partido sin importar el que dirán. De espectadores, estaban su suegra, los tíos de su esposo, sus concuñadas y felizmente nadie la critico ni la subestimo por el hecho de ser mujer y estar jugando con puros hombres. Se nota que ciertos estereotipos en torno a las actividades de las mujeres se están derrumbando !Y que bueno! Para coronar la ocasión, después del partido se tomaron las cervezas de rigor y mas tarde Silvana regresó a casa junto a su esposo para bañar y dar de comer a su hija como la madre amorosa y responsable que es. Porque una mujer puede ser mamá o llevar una vida laboral ocupada, pero si ha probado lo que es jugar fútbol en la niñez, una extraña jugarse una buena pichanga. Ojala Silvana me pase la voz tal como me prometió la próxima vez que juegue al fut con sus cuñados. U ojalá mis hermanos y mis primos me inviten a su próximo juego, porque jugar de nuevo un partidito, me haría muy feliz.

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