Que no te gane la pena

Entro a mi cuarto y siento que hay algo muerto pero no se que es, probablemente se haya metido una rata o un pericote a pasar sus últimas horas allí. Maldición y lo peor de todo es que no esta a la vista, solo puedo sentir el hedor que ha invadido mi espacio más privado. Remuevo las cosas, la mesa de noche, el escritorio, reviso debajo de la cama, no hay nada. Si algo he odiado toda mi vida es buscar objetos perdidos y no solo objetos, sino también gente que se me ha ido perdiendo por alguna que otra absurda razón,

pero bueno, no puedo ignorar este hedor que ya se metió a mis cavidades más recónditas y si no encuentro rápido al animal, voy a vomitar o me voy a desmayar, lo que suceda primero.

Sigo buscando sin mayor éxito, he abierto la puerta, las ventanas, se ha disipado un poco el olor, pero sigue aquel hedor saliendo de algún rincón que no logro reconocer. De pronto veo una caja de zapatos y me llama la atención ver que esta entre abierta, seguro ahi esta la rata apestosa, de pronto me asalta la duda de si debo tocar la caja para abrirla o intentarlo con la planta de mis botines de cuero que compré con mucha ilusión hace exactamente un año para estrenarla en una cita que tuve, una cita que por cierto no se volvió a repetir y hasta ahora no entiendo el porque, bueno tal vez mi cita también tiene problemas para encontrar personas perdidas. No eres tu soy yo, bueno en realidad, si eres tu.

Abro la caja y ahí estaba, era un pericote, el pequeño roedor se hallaba tendido en la esquina de la caja, tieso, con la colita apuntando al norte y los ojitos abiertos. Me dio una mezcla de asco y ternura, así como cuando te encuentras con alguien que quisiste pero que te hizo mucho daño, y ahora después de un tiempo prudente, hace su mejor esfuerzo por ganarse otra vez tu cariño, sin embargo no hace lo suficiente porque para empezar nunca te pidio perdón, entonces termina ganandote el asco y el repudio y sabes que jamás podrás perdonar sus desaires o traiciones. De la misma forma que no vas a perdonar o tolerar en tu cuarto a un roedor inmundo, tiezo, aparentemente inofensivo porque ya esta muerto. Que no te gane la pena de sus ojitos tiernos, que se quedaron abiertos a la hora de morir, cosa que por cierto, también los hacen aterradores. Lo tienes que desalojar de tu vida ya mismo, no se puede quedar un minuto más, porque cada minuto que pasa te envenena, te vicia el aire y te contamina por completo.

Eso si, tampoco seas cruel, dale un digno entierro, no lo aplastes ni lo golpees, no lo insultes, ya esta muerto que más da. Si lo machacas, lo revientas, y si lo revientas te fregaste, va apestar más, va manchar los alrededores y te vas a quedar con ese mal recuerdo, ese mal sabor. No debes profanar su cadáver, respeta al animal, es la única manera de librarte de el sin rastro de olor y culpa.

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