Luciana

Son las doce del día, y por ordenes del director toda la secundaria ha salido del colegio  temprano. Entonces Luciana me propone ir a jugar fulbito de mano a un centro comercial que queda por ahí cerca y acepto el reto. Me encanta jugar el fulbito de mano porque es la emulación de un partido de fútbol y aunque no sea la misma cosa me llena de emoción y lo juego de un modo hilarante, semi profesional. Antes de empezar el juego miro fijamente a Luciana y pongo algunas reglas; que no se valen las mariposas, ni inclinar la mesa usando los mangos. Luciana acepta y ya en medio del juego y a cada falla de gol se le escapan algunas maldiciones, también dice palabras que no existen y nos reímos a carcajadas de lo mal o lo curioso que suenan, luego yo incumplo mis propias reglas inclinando la mesa con el mango para sacar una pelota que se ha trabado en una esquina, Luciana no se pica, solo se ríe y esa es una de las cosas que mas me agradan de ella, que todo le da igual, que no se hace problemas por tonterías.

De un momento a otro

Luciana empieza a ganar, le han salido una racha de goles impresionantes, yo me quedo sorprendida y ahora ella se ríe de mi y yo me río de su risa de loca y ambas no podemos parar de reírnos. Siento que ese momento se ha vuelto especial porque nunca me había reído tanto en la vida. Y no solo son las risas, sino también los momentos que hemos compartido en los recreos y a la salida del colegio, las veces que voy a su casa o ella viene a la mía, las conversaciones y todo lo que gira entorno a nosotras es único y especial. Su risa de loca solo me convence que nunca voy a encontrar otra amiga mejor que ella para compartir momentos en los que su compañía me hace muy feliz y solo le pido a Diosito que permita que nos sigamos cagando de risa cada día de nuestras vidas.

Me distraigo tanto disfrutando sus reacciones que estoy haciendo el ridículo en pleno juego, así que para salvar mi dignidad, lo suspendo alegando que un mango esta medio trabado y así no se puede jugar bien. Luciana sabe que no es cierto, pero me perdona, se ríe y me sigue la corriente. Entonces le digo para ir a comer una ensalada de frutas, me dice que ya, salimos del lugar del fulbito y cruzamos la calle para ir a la fuente de soda que está a una cuadra del colegio, donde solemos tomar jugos de naranja para contrarrestar el acné que suele aparecernos, (maldita adolescencia) más que nada a mi.

Entramos al lugar de los jugos y suena en la radio When You’re Gone – The Cranberries, es la primera vez que escucho esa canción, me atrapa lo poco que entiendo de la letra y la melancolía que hay envuelta. Luego miro a Luciana y pienso que mi vida era un desastre antes de conocerla, siento que conocerla y ser su amiga me ha salvado, siento que antes de ella yo estaba perdida, vacía y sola, y se que no soportaría la vida si ella desapareciera por cualquier motivo y que la quiero a mi lado para siempre, porque la extraño cuando no está y aun cuando está a punto de irse ya la estoy extrañando. Es por eso que debo cuidar que no se vaya aburrir de mi e insistir en la afable tarea de que sea feliz compartiendo cosas básicas como jugar fulbito de mano, comer ensalada de frutas, tomar jugos de naranja o tazas de café dependiendo de la temporada, abrazarla si esta triste porque ha peleado con su hermana, mandarle postales y cadenas de amistad a su correo electrónico, esperar a que me las reenvíe y confirmar que me quiere tanto como yo a ella, ir caminando todo Alfonso Ugarte hasta plaza Bolognesi haciéndonos cosquillas, empujándonos de juego o simplemente caminar cogidas del brazo, descubriendo con curiosidad las calles y edificios del centro de Lima, mirando a la gente pasar, observar el Hotel Sheraton a lo lejos y pensar que un día tendremos el suficiente dinero como para entrar y darnos la buena vida disfrutando del Buffet que de seguro es exquisito.

Pero ya se va acabar el año escolar y ese cambio me da miedo. Por primera vez en la vida no quiero que se acabe y es duro porque estoy en quinto, es mi ultimo año y siento que ha pasado muy rápido. Luciana se queda porque todavía esta en cuarto y no se como vayan a ser las cosas de ahora en adelante. No quiero perder a Luciana, la quiero como no he querido a nadie y eso me asusta. Ella no sabe cuanto la quiero, aunque tal vez lo presiente cuando la abrazo y así como de juego no la quiero soltar. Ojala algún día se de cuenta de que yo pondría las manos al fuego por ella, que siempre puede confiar en mi, que pase lo que pase siempre estaré ahí. Ojala la vida no nos separe, ojala vayamos a la misma universidad para seguir compartiendo momentos como estos, ojala nuestra amistad no se termine nunca, pues como ya dije, no podría soportarlo.

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