Viajes cortos

El deseo humano y los senderos afectivos que elegimos en nuestra vida son como viajes, viajes cortos llenos de emoción, pero se sabe, (aunque muchos prefieren ignorarlo) que todo viaje tiene un final y cuando acaba y volvemos a la soledad, al silencio, al vacío, ya no somos los mismos, definitivamente algo cambia en nosotros, y es así como el resultado de todos los viajes afectivos que tuvimos termina por definirnos.

Desde hace un tiempo, antes de emprender un viaje afectivo, una pregunta se apodera de mi cabeza, ¿Seré la misma persona cuando se termine?

Mi idea inicial, mi expectativa siempre fue y siempre va ser que ese viaje afectivo perdure. Pero esa expectativa ha dejado de ser atrayente cada que he regresado desengañada de los viajes que me tocó vivir. Mi vida se ha tratado de una sucesión de viajes cortos, viajes a los que no debí acudir, pero que me atreví porque estaba convencida de que seria feliz. En conclusión, la persona que soy ahora es el resultado de mis viajes fallidos, de mis fracasos sentimentales.

El primer viaje al que me embarqué fue corto, apenas seis meses, y de aquel viaje corto solo recuerdo que viajaba conmigo un chico de pelo claro y ojos enormes. Me embarque en ese viaje porque me enamore perdidamente y a pesar de todo guardo gratos recuerdos de aquella época. Todavía puedo recordar las veces que caminábamos tomados de la mano y yo sentía que era era el amor de mi vida. Pero estaba equivocada. A los pocos meses mi chico de pelo claro y ojos enormes decidió que ya no quería continuar el viaje conmigo, sino mas bien con otra chica que conoció luego y terminaron quedándose juntos en un viaje sin retorno.

Cuando regrese de aquel viaje tenia la autoestima en el suelo y así toda jodida me en rumbé en otro viaje con un amigo que me venia persiguiendo unos cuantos meses, en realidad no debí embarcarme en ese viaje, pero lo hice porque me sentía demasiado sola. Solo guardo recuerdos atropellados y borrosos de aquel viaje, no se si llegué a sentir algo por el o me aferré a sus atenciones por el terror a estar sola. Al poco tiempo tuve que abortar la operación, porque este amigo tenia actitudes que yo no podía tolerar en una pareja así que desterré cualquier sentimiento o atisbo de ilusión que podría haber sentido por el. Creo que fui muy dura cuando me rehusé a hablar con el y me rehusé a verlo por un tiempo. Fue así como nos alejamos y dejamos de ser amigos hasta el día de hoy.

Durante algún tiempo anduve errante pero sucedió algo inesperado, me encontré con otra alma errante y decidimos hacernos compañía, el tenia problemas de comunicación con sus padres, yo no tenia padres, así que esa cosa disfuncional nos unía. Nos volvimos muy amigos, muy dependientes, entonces pronto sin darme cuenta me enamoré y creo que yo al menos le gustaba y entonces pensé: Si logro que se enamore por completo de mi, gastaría todo lo que me queda de vida en este viaje. Pero al poco tiempo mi cabeza estaba hecha una mazamorra de tanto pensar en que hacer porque me daba cuenta que no sentía lo mismo que yo. Para ser franca, no es que me haya ilusionado de la nada, porque desde que empezó la confianza, los abrazos largos y los te quiero se volvieron comunes, las expresiones de cariño por mensajes de texto y correos electrónicos se volvieron cada vez mas frecuentes. Luego los besos fugases y furtivos que ocurrían entre risas, eran destellos de luz que me repetía que eramos amigos y aveces algo mas, pero finalmente solo eramos amigos. ¿Por que no fuimos algo mas? Es una buena pregunta que no se como responder. Luego me fui enterando que yo no era la única “amiga” con la que tenia ese tipo de confianza y cuando eso pasó lloré, lloré mucho, pero no podía reclamar, no habían promesas de por medio, así que no hice nada, solo me odié por ser tonta y me di cuenta que no tenia sentido invertir tiempo y energías en alguien que aveces estaba y aveces no. Cuando recuerdo esa época, solo lamento el tiempo perdido y en como pude haber soportado tanto tiempo esa situación.

Cuando cancelé aquel viaje sin futuro acababa de cumplir veintidós, pero no fue fácil alejarme por completo, tuve momentos de debilidad, recaídas, como si se tratara de una adicción. Tuvo que pasar un año mas de sentir por momentos, chispas de esperanza, rabia y desilusión para darme cuenta del daño que yo misma me estaba causando al guardar esperanzas.

Cuando cumplí veinticuatro llevaba varios meses de vacaciones sentimentales, enterrada en mis libros de marketing y a la mitad de dos diplomados. Entonces vi en el horizonte a un chico de veintitrés, era apenas unos meses menor, ojos verdes, ascendencia china y todo un historial que termino por capturar mi atención, pero lo que mas capturó mi atención fueron sus ojos verdes y su gran sonrisa. Haber pasado por la friendzone me volvió algo hermética y cuidadosa, esta vez media bien mis pasos y mis acciones, no quería ser el juego de nadie. Así que dándose cuenta de ello mi amigo ojiverde hacia de todo para agradarme y complacerme. Fueron pasando los meses y sentí que era la primera vez que alguien me quería realmente y al poco tiempo asumí que estábamos enamorados, muy jodidamente enamorados. Por un momento llegué a pensar que ese era el viaje que tanto había buscado y que por fin había encontrado al compañero ideal, pero de nuevo estaba equivocada, mi chico de ojos verdes estaba tan contento que las lenguas envidiosas no pudieron soportarlo y nos asaltaron, le dijeron que yo no lo quería, y a mi me dijeron que el hacia cosas a mis espaldas. Así que las mentiras que le contaron de mi y luego las cosas que me contaron de el (que el decía eran mentira) fueron consumiendo nuestra relación. Después de eso las cosas se empezaron a poner raras, el se empezó a alejar emocionalmente de mi, cada que estábamos juntos podía sentir una pared entre nosotros y eso me dolía, y ese dolor me causó estrés, desesperación. Así que una noche perdí el control, discutimos horrible y todo se fue al carajo. Y así fue como las inseguridades, la desconfianza y las dudas nos hicieron dejarnos a pesar de que nos queríamos mucho. Ahí me di cuenta que el amor no basta para mantener una relación, sino hay confianza y respeto, el amor pronto se desvanece.

No pasaron ni dos meses y decidí que no me iba a quedar llorando toda la vida, entonces intenté atropelladamente iniciar una nueva travesía y para mi mala suerte me senté al lado del alma errante que antes me había hecho daño. Retomamos la amistad y pronto me di cuenta que yo tenia sentimientos no resueltos, así que empezó a revivir cierta ilusión en mi, trate de controlarme pero no pude y finalmente me enrede una vez mas en esos ojos cafés y en el juego engañoso de sus brazos que tanta falta me habían hecho. Tengo que reconocerlo, no lo había olvidado por completo. Y me enredé aun sabiendo que no me iba a llevar a nada, que las cosas no iban a cambiar, que sencilla y finalmente seguiríamos siendo amigos y así fue por un tiempo, pero luego empecé a odiar el poder que ejercía sobre mi y dije: ¡Basta, ya no más! y termine odiándolo como nunca había odiado a nadie en mi vida y ese fue el final, logré escapar y fue definitivo.

Entonces empece un viaje donde solo se escuchaban canciones de Panda y The Rasmus, canciones estupendas pero que no colaboraban a mejorar mi estado de animo, empece a perder peso de nuevo y a aislarme de todos, estaba tan decaída que sentía a la muerte muy cerca y una parte de mi la deseaba en secreto, solo quería descansar, acabar con la función. Llegue a pensar que no había ningún show que valga la pena, que mi vida había sido una tragicomedia disparatada. Ya estuvo bueno, renuncio a tener pareja, a tener un hogar, total para que si todo siempre acaba mal, se duerme mejor sabiendo que no tienes que rendirle cuentas a nadie, ni pensar en porque no te contestan una llamada o en porque se tardan tanto en responder un mensaje.

Me di cuenta de que si no me bajaba de ese tren donde viajaba sola escuchando música deprimente y jugando juegos en linea, tarde o temprano terminaría matándome. Así que salté, porque habré renunciado a muchas cosas, pero renunciar a la vida misma requiere de valor, coraje y estupidez, aptitudes de las cuales felizmente carezco. Entonces me subí a un bus que iba muy rápido, donde habían proyectos, brief publicitarios, tazas de café y largas horas de estudio, era un bus donde me pude sentar a escribir sobre la vida y a contar como había llegado hasta allí. Ocupar mi mente en el trabajo, los estudios y dándomela de escritora me salvó la vida.

Debería haberme quedado tranquila en ese bus, escribiendo, preparando mi carpeta y armando proyectos, pero mi naturaleza no es estar quieta, entonces con una taza de café en la mano y mis brief en la otra, vi en el horizonte un tren acercarse y me subí sin saber a donde me llevaría, en el viajaban hombres y mujeres que solo buscaban pasarla bien, divertirse sin pensar en el mañana, aquel era un viaje compartido y todos decían que si después no nos volvíamos a ver era mejor. Recorrí los vagones de ese tren sin detenerme y en cada uno de ellos encontraba a alguien diferente, pero con una cosa en común, digamos que nadie quería compartir su vagón por mucho tiempo. Algo me decía que las cosas se iban a descontrolar, que podía terminar perjudicada y lastimada si aceptaba esos términos y condiciones. Entonces decidí que no iba a arriesgarme a salir peor de lo que había entrado. No paso nada en ese tren, pues de solo ver que no estaba en mi naturaleza hacer un viaje compartido jalé del cordón y me bajé. La gente que se quedo en el tren del placer me llamo tonta y aburrida. Solo les hice adiós sabiendo que ese no era el viaje que quería para mi.

Cuando me bajé de ese tren pasaron dos cosas, decidí que no me volvería a subir a ningún tren similar ni de bromas. Y que era mejor no emprender ningún viaje afectivo por el momento, entonces me crucé con un auto pequeño que iba conducido por alguien que había conocido hace algunos años atrás y me había gustado y las casualidades de la vida nos volvieron a juntar. Me subí a ese auto casi sin darme cuenta, todo fluyo natural y en un abrir y cerrar de ojos se volvió muy intenso. Una vez nos quedamos atrapados en un apagón y nos quedamos conversando una hora a oscuras, el no poder vernos nos desinhibió de una manera brutal, cuando se restauró la luz, nuestras cabezas estaban juntas, sus brazos me rodeaban los hombros y mi cabeza estaba apoyada en su cabeza, en ese momento sentí mucha química, y cuando pensé que las cosas iban a empezar a avanzar me percaté que en el asiento posterior de ese auto había alguien mas, al ser consciente de ello no me quedo otra que recoger mi dignidad que se había quedado varios metros atrás e irme. No le guardo rencor porque a pesar de todo se portó bien, no se aprovecho de la situación, quizá porque aun amaba a la chica del asiento trasero. Aunque ya paso mas de un año de eso, aveces me acuerdo del conductor del auto donde fui feliz alrededor de tres meses, aveces extraño las conversaciones que tuvimos, la química, la afinidad que hubo pero supongo que solo fui un pasatiempo, una distracción y solo eso. Aveces miro su foto de whatsapp y aunque por lo general aparece su schnauzer plomo llamado Figo le canto “Que sera de ti” de Roberto Carlos.

Después de esos viajes cortos, me encuentro por el momento varada en una estación mirando como van pasando ciertos buses y trenes, con pasajeros que me invitan a compartir una travesía. Por el momento no he decidido nada. No interesa el medio sino el fin. Y he llegado a la conclusión de que la felicidad es una cosa borrosa e incierta, es tan solo una linea y no puedes permanecer mucho tiempo siendo completamente feliz, siempre hay algo que termina opacando la felicidad, haciéndote bordear esa linea y cuando menos te lo esperas llevándote al otro lado dejándote jodido y vacío cuando alguien te despide de su vida o cuando uno expectora a alguien de la suya. Da igual, no importa como acabe, siempre hay un muerto y un herido, hay espectadores complacidos, también hay de los que lo lamentan contigo. Pero a nadie le importa realmente, nadie te presta su hombro mas de una vez, nadie se queda a llorar contigo, todos salen corriendo y se alejan antes de que tu desdicha o tu suerte sea contagiosa.

He llegado a la conclusión de que no se necesita estar en pareja para sentir tranquilidad y cierta paz, la suma de no tener que rendirle cuentas a nadie y no estar pendiente de nadie mas que de mi misma y mis necesidades es lo mas cercano a la felicidad que conozco. Ya que la felicidad completa no existe, ser lo menos infeliz posible, es por el momento mi máxima aspiración.

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